El misterio de la escritura

Escribir no es tan distinto a enamorarse. Se prenda uno de algo, mas una vez se ha sellado en papel se olvida en pos de otra fiebre única. Y cuando se escribe quizá solo se es fiel a lo inalcanzable, a ese algo que se persigue por cualquier parte, en cualquier momento.
Sin embargo, como en el amor, cuando se da la escritura de forma completa siempre queda flotando un misterio. Una sombra, un secreto oculto en los textos. Lo indescifrable sobresale como aceite en agua, y por eso siguen los escritores escribiendo, y los demás leyendo, como todos acabamos por enamorarnos después de desenamorarnos. Pero es que no buscamos la belleza por buena, noble o sagrada, sino porque es el eco mínimo de algo profundo, infinitamente poderoso y extraño, que no conocemos. La verdad, dura, fría, necesaria, es también eco de la misma hondura abisal. Cuando se consigue captar ambos ecos en la escritura, hermosura y verdad, el alma humana se cimbrea y surge la poesía, testigo del misterio del ser humano.
Y por ese misterio es que se escribe; que se pasan las horas intentando extraer el pétalo a la palabra, en ese remolino de jardines almacarne que le conmueven a uno. No hay mayor misterio, ni cosa más sencilla que la escritura.

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Un comentario en “El misterio de la escritura

  1. Me ha encantado. Solo añadiría que el recuerdo de la buena escritura, al contrario de lo que ocurre, o puede ocurrir, con el amor solo te olvidas temporalmente. Es como el Ave Fénix que renace de sus cenizas.

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