El misterio de la escritura

Escribir no es tan distinto a enamorarse. Se prenda uno de algo, mas una vez se ha sellado en papel se olvida en pos de otra fiebre única. Y cuando se escribe quizá solo se es fiel a lo inalcanzable, a ese algo que se persigue por cualquier parte, en cualquier momento.
Sin embargo, como en el amor, cuando se da la escritura de forma completa siempre queda flotando un misterio. Una sombra, un secreto oculto en los textos. Lo indescifrable sobresale como aceite en agua, y por eso siguen los escritores escribiendo, y los demás leyendo, como todos acabamos por enamorarnos después de desenamorarnos. Pero es que no buscamos la belleza por buena, noble o sagrada, sino porque es el eco mínimo de algo profundo, infinitamente poderoso y extraño, que no conocemos. La verdad, dura, fría, necesaria, es también eco de la misma hondura abisal. Cuando se consigue captar ambos ecos en la escritura, hermosura y verdad, el alma humana se cimbrea y surge la poesía, testigo del misterio del ser humano.
Y por ese misterio es que se escribe; que se pasan las horas intentando extraer el pétalo a la palabra, en ese remolino de jardines almacarne que le conmueven a uno. No hay mayor misterio, ni cosa más sencilla que la escritura.

La felicidad, dos veces

Hay momentos magníficos, como almidonados. Momentos transparentes que me saben a gloria bendita, a miradas fascinantes, a trenes, a todas mis fotografías antiguas -las de papel-, a esa cometa celeste de mi infancia, a jardines y a té, a amistad; a esas sonrisas inolvidables, a los recuerdos felices. Son momentos entrañables; podría componer partituras si supiera traducir la felicidad en un pentagrama. Lo mejor -o lo peor-, es que todo sucede porque sí, sin merecerlo. Y esa cosa abrumadora llamada felicidad se desliza entre las comisuras de una tarde cualquiera. Llega misteriosamente el momento glorioso y como vino, dulcemente, se va. Es entonces cuando una, que ya está de vuelta, se apresura a grabarlo en la memoria. Así se vive dos veces la felicidad. La del instante y la del recuerdo, y no sé cual felicidad es más plena de ambas.