Leer, no leer, escribir y no escribir

Padezco ansiedad cuando no puedo leer todo lo que quiero, pero cuando no leo, creo que estoy leyendo también. No leo, pero leo. Pienso en lo que he leído, busco fragmentos, reseñas sobre lo que deseo leer, comentarios. Es para estar algo más cerca de esa lectura que aún no puede llegar. Que lo sepan: no escribo si no leo, porque el escribir es siempre una consecuencia del leer (y entonces no puedo parar de hacerlo, la escritura se desata con la buena lectura) pero resulta que si no leo también estoy escribiendo: estoy no-escribiendo igual que estoy no-leyendo. Aparte de leer y no-leer, y de escribir y no-escribir, me enfado con la vida y con mi tiempo y mi forma de hacer las cosas por no ser capaz de hallar más horas para esto, que se me antoja la más importante de todas las actividades, quehaceres, tareas, necesidades, o como se llamen.

Hilos

Hay hilos entre nosotros, y en los hilos, no lo sé: palabras, tal vez. Sentidos. Hechos. Parecen poca cosa los millares de hilos que nos conectan. Ahí son nada. Conectados. Por medio de hilos. He contado treinta y siete hilos. He contado sesenta y cuatro. He contado tres sutiles, periféricos. Pasan días. No sé decir. Me parece que el proceso de vivir está hecho de hilos, de mantener los hilos. Sin hilos podríamos quedar locos, con demasiados podríamos cosernos. Quedar cosidos. Privados de. La longitud tampoco es determinante. O tal vez sí. Como la textura. El color, el sonido. Los hilos entre nosotros somos nosotros con los otros. Así pues, sin ellos, no somos.