Unos apuntes sobre la memoria

Borges afirmó que el ser humano es un quimérico museo de formas inconstantes, un montón de espejos rotos. Oliver Sacks nos dijo que no parece haber en la mente o el cerebro ningún mecanismo que asegure la verdad, o al menos el carácter verídico de nuestros recuerdos. En W.G. Sebald la memoria se configura como piedra angular, estructura y objetivo. Nabokov dijo en Habla, memoria ser «feliz testigo del supremo logro de la memoria».

La memoria estructura a las personas como estructura la novela, pero esta no se encuentra sola. La imaginación es su gran protagonista, la verdadera habitante de nuestra memoria. Esta es lo que necesitamos que sea, está más allá de nuestra voluntad consciente. Es ese conjunto de experiencias que deformamos para que nos conforme, y la imaginación la mano que la esculpe.

La palabra más bella

Ojalá. No hay palabra más bella ni más triste. Ojalá fuese… Ojalá pasara… Ojalá la vida… No hay palabra que me conmueva más en boca de otros. Ese nombrar algo que no existe, ese ansiar; el deseo de entusiasmo, de creer posible, siempre una ausencia, una necesidad pendiente en el lugar imaginario que es el corazón. Ojalá es una palabra que otorga posibilidad a las cosas, y eso es lo que le confiere belleza. Pueden brillar los ojos de alguien cuando dice ojalá, pero esta palabra tiene la textura de la sombra, y eso es triste. Por eso cuando la escucho me conmuevo, no puedo evitarlo. El mundo entero de alguien dentro de ese ojalá, regalando su único sentido oculto. O tal vez no, tal vez solo sea una palabra sin más, aunque sea la más bella y triste del diccionario.

Frente al espejo

Cada uno somos dos; eso se siente la primera vez que uno se contempla a un espejo sin otro fin que mirarse a los ojos. Después de un rato, de repente, ese uno no nos pertenece ya. Entonces se percibe la extrañeza de la existencia, un cierto distanciamiento de uno mismo, como si se pudiera contemplar el ser que se es aunque no se comprenda; más o menos como si se fuera dos: el que observa y el observado. Nunca volverá a ser como antes, la unicidad se ha esfumado: es un poco como tener un amigo imaginario que te diga que eres tú el imaginado. Es la percepción de uno mismo, eso que Duras llamaba la “sombra interna”. Tal es la experiencia que nos regalan los espejos.

La lluvia, hoy

En cuanto a la lluvia puede decirse que soy convencional. Simplemente me complace. A veces la mejor forma de escribir es hacerlo por medio de la lluvia. ¡Ojalá pudiera cultivarse! Cuando llueve tanto, y todo se vuelve acuoso y transparente, hasta las palabras suenan líquidas y fluidas. En la naturaleza, cuando llueve, todos los animales callan; como si reverenciaran al agua, se da un mutismo característico, espiritual. Es un silencio inconfundible. La belleza es un suceso hecho de lluvia. Ojalá llueva hoy toda la noche.