Los besos ausentes

Los besos incorpóreos, esas ondas suaves que no damos, son cachorros de la ausencia; esos besos sin hacer -que no llegan a tomar forma porque no se entregan, y aun así son percibidos en su potencia de llegar a ser a instancias del anhelo-, poseen una naturaleza ambigua. 
El beso está hecho para salir del recinto interior, y proporciona paz al ser entregado. Mas cuando se le contiene dentro, cuando se le reprime, el beso nonato produce una herida, tanto en el que no lo dio como en el que lo esperaba y no lo recibió. Ese sonido del alma silenciado – por la razón que sea-, deja una aflicción: la desolación del beso que quiso ser y no fue. Había nacido para ser baluarte del corazón y solo llegó a ser profeta de lo ausente, herida de lo incierto, cauce de la peor soledad.

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2 comentarios en “Los besos ausentes

  1. Pero el beso ¿puede encasillarse en una definición? ¿No será cada beso una realidad diferenciada e irrepetible? No será el que besa como un remedo de Prometeo, aquél titán que robó el fuego de los dioses para darlo a los hombres y que fue sometido al castigo sin fin de que un águila le comiera las entrañas. Cierto que hay besos incorpóreos, besos que proporcionan paz, besos de naturaleza ambigua; pero también hay besos que son fuego, besos que en lugar de paz traen guerra; que en lugar de cachorros de la ausencia son cachorros que te asedian.

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