La vocación propia

Se siente la vocación artística como una lucidez del alma, un respirar entre la elevada, meticulosa densidad de lo que nos rodea. Esa disposición ineludible nos fecunda y viene a obnubilar las otras zonas de la vida, que quedan como avasalladas. Y, ¿cómo sostenerse en ella, si conforme avanza tambalea todo lo demás? Sabedora de que por fin ha encontrado el medio adecuado para conformarse -esa mujer, ese hombre-, se instala en el mismísimo núcleo de su ser; se erige alentando a la vida mas creando a la vez sombras a su paso. Una vez me preguntaron si no podía dejarse de lado tal disposición. Si se puede -que de todo es capaz el ser humano-, me pregunto si abandonar la vocación propia no es como abandonar el amor, aun amando. Me pregunto qué agujeros deja en el alma hacerlo; si se deja de amar después de haber abandonado el amor; si se vuelve uno a sentir vivo.

 

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