Carne y conciencia

Quisiera a momentos vivir sólo en la carne. Navegar en ese reino solitario de la conciencia es faenar. Ahí se pena. También se medita, se cree uno trascender, se hurga, se siente uno pleno; pero si te aturdes y caes, después sólo existiendo en la carne se alivian los infiernos de la mente. Vivir en la carne es manifestarse en la vida, no temerla; temer me parece la peor de las condiciones humanas. Pero ahí estamos. Viviendo, temiendo, faenando. Una vez el ser humano mira, ya no puede dejar de observar. Está preso de su conciencia. Ocurre como con el tinnitus, ese sonido agudo, monstruoso, que oímos en el silencio profundo. Una vez lo percibes no puedes dejar de notarlo. La conciencia es igual. Una vez escuchas la voz de tu mente ya no se va nunca. Siempre ha estado ahí, como el tinnitus. Lo raro es observarla, percibirla como un ente aparte al yo, aunque nos identifiquemos con ella. ¿Nos pertenece? Se faena, se medita, se vive. La conquista es vivir en el presente, carne y conciencia. Del futuro no sé nada, el pasado se esfumó. Así es la existencia humana para algunos. Otros vegetan.

 

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