Rua das Janelas Verdes

Hay, por cierto, una calle en Lisboa, un bálsamo para el alma desasosegada. Rua das Janelas Verdes es el nombre; pienso a veces en ella, me gustaría volver a caminarla. Por la mañana en verano es fresca, el sol se filtra entre los edificios viejos del oeste besando a los del este, que lucen cálidos y dorados. La calle es larga, el suelo de piedras irregulares, a ondas como en toda Lisboa, y huele a pan. Es poco transitada a pesar del museo de arte al final de la calle, que no atrae a los turistas. El aire delicado se cuela en forma de brisa, los oídos perciben las texturas cambiantes y lejanas de los coches lejanos; solo una persona, dos a lo sumo, puedes cruzarte muy de mañana en las janelas verdes. Los ojos no se cansan, el corazón se aquieta. El silencio oscila bajo tus pasos, pero es un silencio que no es, un silencio del que emana un leve y armonioso sonido: es el nombre de la calle, que se susurra al caminarla, que aplaca el desasosiego del alma al ritmo de la belleza. Puede carecerse de ambición, también de curiosidad, para disfrutar de la calle, más es necesario sentir un desasosiego acodado en el alma para que la rua pueda imprimir en uno todo su sentido.

Yo quisiera no volver  a la rua das Janelas Verdes; no volver nunca para poder añorarla siempre. Así pasa con los lugares que se apropian de uno. Tal es su carácter: indelebles en la memoria, vulnerables al regreso, al que parecen rehuir.

 

A Isabel, que me echa en falta si no escribo; a quien echo en falta si no me lee.

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3 comentarios en “Rua das Janelas Verdes

  1. Esta entrada es de las que más hondo me ha llegado de cuantas nos has regalado en este blog. Me pregunto si es un texto clásico o de vanguardia, o quizás todo lo contrario.

    Por una parte, me recuerda a un clásico:

    A mis soledades voy,
    de mis soledades vengo,
    porque para andar conmigo
    me bastan mis pensamientos.

    Por otra una canción moderna:

    Caminante no hay camino,
    se hace camino al andar.

    Pero también me recuerda algo bien diverso: una invitación de alguien que se consideraba de paso por la vida a seguir la propia senda con respeto a quienes siguen otras:
    Que cada caminante siga su camino

    Por último, simplemente me quedo pensando.

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