El peso de algunos

Hay una densidad que se esconde taimadamente en algunos, una humanidad pastosa y viscosa que da al traste con lo que podrías disfrutar de esas personas. Ese algo, el peso, cuando llega mata. Porque el peso asfixia, pero se instala de un modo invisible, hasta que de repente uno se da cuenta de que ha sido aplastado, como arrollado por una silla de ruedas. Se siente entonces venir una ráfaga de animalidad, porque el peso de un ser humano cae directamente sobre la libertad del otro, y cuando llega, osea, cuando uno se hace consciente, o muerde o languidece. O mata o muere, no hay más. Porque el peso no puede llevarse de la mano, no admite eso. El que ha dejado caer su peso no está para camaraderías, sólo consiente que le sostengan de culo. Los que dejan caer el peso propio sobre otros pueden mirar a lobos y cuervos frente a frente, pues son invulnerables. Si se ven caer al vacío buscarán a otro que les sostenga el peso de su humanidad pastosa. Es el cándido, el de alma tierna -que viaja ligero en su relación con los otros- el que tendrá que matar,  transformarse en animal, a riesgo de morir aplastado por el peso, por la egoísta viscosidad de los otros.

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