La exposición de Manuel Franquelo


La cajita de té se ha cubierto de polvo. Junto a ella se han embadurnado de tiempo las bolitas sueltas de un viejo collar blanco, un billete inglés, arrugado y manchado por alguna acuarela; también hay unas cuerdas viejas, finas, desgastadas. Todo se ha amontonado en la estantería rota; todos esos recuerdos junto a otros objetos que Manuel no fue capaz de tirar, que se prendieron a él por algún motivo misterioso. Y poco a poco se fue componiendo la belleza, y ya él después la inmortalizó. Ahora todos podemos cautivarnos con esas humildes cosas que a él le conmueven. Como decía el joven Werther, el artista es el que reconoce la belleza y la expresa. ¡Ah, pero qué injusto es el arte! Quedarán esas obras en propiedad de un afortunado, ¡nunca más volveremos a verlas! Después de experimentar el goce, sólo queda conmoverse por el recuerdo. ¡Pero qué recuerdo!

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Publicado en Veo

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