Familias diminutas

Hay una autopista fatigada que acoge a todos los coches que van cayendo por ese río de cemento. Hay un halo poderoso, una risa cruel sobre cada familia diminuta sentada en ruedas y neumáticos que huelen a fracaso, suponiéndose felices, distraídos, mirando a otras familias diminutas sobre otras ruedas y otros neumáticos de olores inciertos.

Hay un letrero luminoso, electrónico y parpadeante que nunca se apaga, que no deja pensar, que ha robado a las familias diminutas como un cuervo monstruoso e invisible de tres picos y tres plumas y tres rostros opacos. Es tan grande que no se le ve en lo pequeño, pero su risa no puede dejar de escucharse. Sólo si uno cierra los ojos sabe del cuervo fantasma, sólo entonces se da cuenta de que uno va también en un coche, con su propia familia diminuta, sobre ruedas y neumáticos que huelen igual que las de los otros. Uno se da cuenta entonces de que no es felicidad lo que siente en esa autopista fatigada; es como mucho una resignación plácida. La posibilidad de ser felices, es el cuervo quien se la ha llevado. Tristes pobres familias diminutas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s