Zapatos propios

Sentir caer de tus manos los animales muertos, los dientes de leche, todo lo demás y que no te importe. Sentir que has crecido irremediablemente, que la vida es una tubería enroscada, sentir su temblor vibrante, caminar. Caminar porque sí, de un lado a otro, por todas las esquinas de tu tiempo. Avanzar, con el alma en guerra con este avance, con los pies ya hechos a los zapatos propios, soñar. Y por fin aceptar, aunque no comprendas, que eres mortal, que acaso todo se acaba en el último aliento. Buscar entonces todos los animales muertos, los dientes de leche y todo lo que se te cayó o tiraste, porque esa y no otra fue tu vida, y aquellos los recuerdos que la conformaron.

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